Los jueces no hacen justicia, toman decisiones

k lehmman*Por Kevin Lehmann

“El juez debe ser un ciudadano valioso en función de esas decisiones y no ese otro lejano que está por encima de sus semejantes”

Como debe ser manejada una crisis en el ámbito judicial?

Yo propongo una mirada respecto de un modelo de gestión de crisis, y de una cuestión específica que tiene que ver con una reflexión de tipo sociológico acerca del sistema y vinculada con los límites para validar las decisiones jurisdiccionales, pero no el contenido de esa decisión, no para que la gente esté de acuerdo o no con esa decisión. Eso sucede con las decisiones que sugieren los médicos, uno puede no tener ganas de operarse o no tiene ganas de hacer una dieta pero valida esa decisión porque a pesar de que no le gusta, acepta que es más racional y que es bueno que esa persona tome la decisión. Yo creo que lo que debemos hacer, quienes pertenecemos a algún dispositivo de comunicación de los Poderes Judiciales, es comunicar los límites del sistema y transferir a los magistrados las herramientas para poder prevenir y poder gestionar sus crisis.

Como ejercicio práctico, qué tiene que pensar alguien que tiene que tomar decisiones jurisdiccionales en el medio de una crisis y luego, que esas decisiones sean comunicadas de manera eficaz?

Debe llevar a cabo varias operaciones. La primera cuestión es identificar si tiene una crisis o si tiene un conflicto. Una crisis es básicamente un malentendido, se trata de una expectativa de que, por ejemplo un juez, decida de un modo y él va a decidir en otro sentido. Y el malentendido tiene que ver con una mala construcción de la expectativa social. La información con la que los ciudadanos hacen lo que se llama el juicio paralelo, es una información distinta de la que está en el expediente. Alimentada por el sentido común y por otros agentes: por la policía, por los medios de comunicación, por una ONG. Con todo esto se construye un caso, se imagina una solución deseable de ese caso, pero en el expediente hay otra información y es otra la solución posible.
Un conflicto es otra cosa, es una disputa de intereses. Se produce un conflicto cuando alguien quiere que suceda algo que otro no quiere, tiene la voluntad de acceder en exclusividad a algo que otro también desea: no hay un malentendido, ahí está la cuestión de los intereses. La segunda cuestión a tener en cuenta es gestionar la crisis. Y la tercera, casi en el sentido opuesto a esta, es no aceptar los contenidos de la crisis como vienen enunciados. En general, lo que aparece explícito en la crisis, oculta un sentido más profundo. Si uno entra en esa agenda lo más probable es que se deje captar por la agenda de la crisis, y uno tiene que proponer una agenda de salida de la crisis de manera que esto es un poco más complejo. Entonces yo diría tres cosas y propondría una mecánica: la primera cuestión es identificar la naturaleza de la crisis; la segunda cuestión es advertir cual es la agenda real de la crisis; la cuarta cuestión es no minimizarla, no negarla, no suponer que va a pasar sola. En las crisis graves es natural que perdamos las referencias y por eso es importante recurrir a expertos o, si no es posible, a miradas de personas que estén afuera de la crisis. El tema es poder problematizar, porque las provocan reacciones asimilables a la angustia, que no tiene definición. Cuando se problematiza, se ordena eso que está confuso y pueden establecerse prioridades y caminos de solución, porque los problemas tienen solución y tienen un camino crítico para llegar a esa solución. La salida de una crisis es identificar un camino crítico para arribar a una solución.

El tema del lenguaje es un tópico sobre el cual siempre se ha discutido en el universo de los Poderes Judiciales. Cuál es el lenguaje que debe se debe utilizar para comunicar de una manera eficaz, una decisión jurisdiccional?

El lenguaje es uno de los temas más remanidos, siempre estamos hablando sobre el lenguaje y muchas veces observamos que los problemas de comunicación que tiene el Poder Judicial con los ciudadanos tienen que ver con el lenguaje. Y eso es parcialmente cierto. Hay un lenguaje específico, un lenguaje científico, un lenguaje denotativo, un lenguaje que define un significado y excluye cualquier otro. Por ejemplo, es muy importante que dolo signifique una cosa y culpa signifique otra cosa. Lo grafico más: si en el expediente uno pone, dolo, tiene unas consecuencias y si pone, culpa, tiene otras consecuencias. El lenguaje denotativo evita el malentendido. Fija ese sentido y excluye cualquier mal interpretación. Todos los sistemas complejos tienen un lenguaje denotativo y es inevitable. Bueno, ese lenguaje es un capital de los jueces. Pero es válido en el expediente, esa es su área específica donde no debe haber pérdida de sentido. Pongo un ejemplo: un médico cuando habla con otro médico porque le está derivando un paciente tiene que ser muy específico para que entienda exactamente qué es lo que vio, que es lo que se espera, y cuál es la situación; ahora bien, el médico cuando habla con su paciente, no lo hace en esos términos, necesariamente asume una enorme pérdida de sentido para que su mensaje sea comprensible y ese paciente pueda reconocer lo que es familiar y lo que es próximo y tomar la decisión de ir a operarse, por ejemplo. Con el magistrado sucede lo mismo, utiliza un lenguaje denotativo en el trámite judicial pero cuando habla con la sociedad debe asumir una enorme pérdida de sentido para que esa comunidad pueda reconocer lo que es familiar, lo que es próximo. Porque lo que deciden los magistrados tiene como base una decisión social. La codificación es posterior, el modo de solución es posterior. Tiene que usar los dos lenguajes. Ahora, el lenguaje que nadie tiene que usar es aquel que contiene palabras que ya no se usan, fórmulas retóricas que oscurecen aquello que el ciudadano debe comprender.
Y el Poder Judicial trabaja para los ciudadanos y por ese motivo debe hacer que ese ciudadano se sienta convocado y valide el sistema republicano y democrático. Y eso no puede hacerlo si no se le entiende. Es una cuestión pedagógica no de exclusión explicar el lenguaje denotativo, hay que hacerlo, hablar para que todos entiendan y explicar claramente cuando se deba recurrir a la formula técnica.

Como impacta en el ciudadano la imagen de la justicia como un paradigma, como algo inalcanzable, o en todo caso, como ese valor absoluto de nuestro imaginario?

La Justicia, como ese valor inalcanzable, no encarna en ningún lugar y por lo tanto el Poder Judicial no es la Justicia y los jueces no hacen justicia; los jueces toman decisiones. Por ejemplo, una decisión que es valiosa, que está validada públicamente, que tiene todos los consensos, cincuenta años después puede ser considerada aberrante. Los jueces no disponen del absoluto Justicia, porque si los jueces hicieran justicia no habría instancias de revisión: no se puede revisar el absoluto. Una de las cuestiones más fuertes que tiene el sistema de administración de justicia es que tiene, en sí misma, una visión antropológica negativa. Está preparada para que los magistrados se equivoquen, sea arbitrarios, para que ignoren. Está preparada para eso: porque justamente por eso en todas las acciones que toma un juez, se da traslado a las partes, son todas revisables por otra instancia. Es un sistema muy sólido que tiene contemplado la posibilidad del error. Se puede revisar lo que hacen. El Pode Judicial tiene que contar que no son dioses, tiene que entender que nadie pretende que sean perfectos, que forman parte de un sistema que sospecha de su propia capacidad individual. Y hay algunos mensajes que opacan todo esto y son, por ejemplo, los mensajes de las infraestructuras y los ritos: la cruz que baja sobre el presidente en una sala de audiencias siendo un país laico. Vale para cualquier símbolo de que se está en contacto directo con posibilidades y ámbitos que exceden lo humano. Se toman decisiones muy valiosas pero es un ciudadano común quien toma esas decisiones. Esta presentación pública los torna lejanos y cuando se es lejano, se es atacable: no se ataca al que se reconoce como propio, sino al lejano. Creo que un gran esfuerzo de la comunicación judicial es que los magistrados se reconozcan como parte de la sociedad que habitan sin ninguna condición que los distinga, excepto la destreza y la experticia para tomar decisiones. Por eso es un cuerpo experto. El juez debe ser un ciudadano valioso en función de esas decisiones y no ese otro lejano que está por encima de sus semejantes.

*Kevin Lehmann es Sociólogo y Licenciado en Ciencias Políticas (Univ. Complutense, Madrid). Posgraduado en Opinión Pública y Medios de Comunicación (FLACSO-INAP). Posgraduado en Control y Gestión de Políticas Públicas (FLACSO-INAP). Es profesor en distintas universidades nacionales. Ex Director de la Agencia de Noticias TELAM, es asesor de la Federación Argentina de la Magistratura y Vocero del Colegio de Magistrados y Funcionarios del Poder Judicial de la Provincia de Buenos Aires. También desempeñó labores de Consultor del BID y del Banco Mundial.


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